miércoles, 24 de febrero de 2016

ACUERDOS, PATALETAS Y FANGO

El Acuerdo alcanzado por el PSOE con Ciudadanos (que debe incluir a las Ciudadanas) tiene, de mantenerse la aritmética de apoyos actual, poco recorrido práctico, más allá de preparar un escenario de repetición de las elecciones. En ese supuesto, unos aparecerían como activos a la hora de buscar puntos de encuentros, otros como obstáculo a esos mismos acuerdos (y no nos sorprendamos, llevan bombardeando cualquier posibilidad desde el primer día -¡memoria!, ¡Hagan memoria!-). Hemos de entender que se espera que la ciudadanía respalde con su voto a las formaciones que proponen frente a las que más bien niegan.

Podría ser una táctica aceptable, si no fuera porque hay algunos problemas:

Este país no puede permitirse más tiempo de impasse con un gobierno provisional basado en un partido político que no va a repetir mandato, con un Presidente en funciones manchado de fango hasta las cejas como buena parte de su propia organización. 

El resultado de una hipotética nueva elección sería con toda probabilidad muy parecido al actual con ligeras variaciones. Gestionar ese panorama con un precedente de fracaso sería muy complejo y por el camino nos habríamos dejado, a buen seguro, algunos jirones.

Lo responsable es atenerse (y esto va por todos) a los resultados electorales, por muy complejos que sean -que lo son-, y arbitrar soluciones numéricamente viables  a partir de acuerdos de mínimos en los que, sin duda, todos los partidos políticos que los suscriban dejarán de incluir propuestas propias y, al tiempo, asumirán otras que les son ajenas. Pero -y eso debe tenerse en cuenta desde el principio-, ESTO ES LO QUE HAY.

Añado, eso sí, a modo de apunte personal, que, al menos en las Comunidades Autónomas más complejas, por su tamaño y población, las Diputaciones Provinciales son imprescindibles (o mejor, las funciones y servicios asociados son imprescindibles, en especial para los pueblos pequeños). Modernizarlas, sí. Suprimirlas, a menos que se explique muy bien cómo se prestarían los servicios que hoy dan, de entrada, no.




miércoles, 17 de febrero de 2016

ESPAÑA

Entre otras muchas consecuencias negativas de cuarenta años de dictadura, tras un golpe de estado que condujo a una guerra civil y a una represión brutal posterior, el concepto España, que el llamado régimen utilizó para equipararlo a sí mismo, pasó a formar parte efectivamente, en el inconsciente colectivo de este país,  de aquel sistema opresor. La bandera, el himno, todos los símbolos que definen una colectividad (si, ya sé que en un gesto atávico), llegaron  a identificarse con la dictadura de tal forma, que aún hoy pervive en buena parte de la ciudadanía española una aversión, extraña para otras naciones, hacia ellos.

La transición a la democracia, al no juzgar y condenar lo pasado, sino optar por un modelo de consenso, permitió (alentó incluso en algún momento y por parte de determinados colectivos) que aquella vinculación subconsciente siguiera, de tal manera que incluso el propio sustantivo (España) parecía patrimonio de la derecha heredera del franquismo.

España, como cualquier otro país, no es sino una construcción humana que abarca múltiples aspectos y que tiene su esencia en un proceso histórico en el transcurso del cual se ha ido conformando (lo que le da, apuntenlo, un carácter dinámico) hasta el momento actual. Esa convención entre personas, que se dotan de una estructura compleja común para alcanzar objetivos compartidos y se cimenta en la cultura (parte importante de la cual es la lengua) y en una relación emocional fundamental, ha de ser valorada siempre por su capacidad, como forma de organización, para mejorar la vida de las gentes que la componen (con criterios de justicia social y solidaridad externa, añado yo). 

Nadie debe dudar que la nueva dimensión de nuestro planeta, empequeñecido a efectos prácticos por la mejora de los sistemas de comunicación y transporte, requiere de una nueva manera de articulación, más global, capaz de responder a problemas que solo tienen solución en un ámbito supranacional. De ahí que los procesos de cohesión entre naciones adquieran extraordinaria importancia. 

Frente a esa evidencia, que  engarza con el inherente internacionalismo de cualquier proyecto político de izquierda, hay quienes se empeñan en dividir con base en un erróneo principio, definido de manera imprecisa como "derecho a decidir". Se establece como herramienta democrática que una parte de un país, o sea, la gente que en este momento  habita en ella, acuerde de manera unilateral que rompe los vínculos existentes con el conjunto y conforma un estado diferenciado, nuevo.

Todo es defendible, también el error, o el egoísmo, y aún el interés de clase de una oligarquía territorial concreta (incluso con la complacencia inicial de otra oligarquía, quien sabe si pactada). Convendría, eso sí, que se hiciera a cara descubierta, poniendo sobre la mesa los verdaderos intereses (que nunca son del total). Todo deviene pútrido cuando se esconde la verdad, y se engaña al conjunto con falsas razones, con emociones creadas artificialmente a través de la propaganda (en todas sus variantes), falseando la historia... Ahora bien, si encima se pretende presentar como una iniciativa de izquierdas -dirigida, pues, a lograr justicia social para la clase trabajadora-, entonces lo pútrido deviene infecto y eso requiere otro tipo de argumentación para ser contrarrestado.



domingo, 14 de febrero de 2016

NECESITAMOS UN REARME MORAL (Y LO SABEMOS)

Un partido como el que encabeza Rajoy, al que no dejan de aparecerle casos de corrupción por doquier, afectado él mismo por la presunta financiación ilegal, cuenta con el respaldo de millones de votantes. Puede que algunos de ellos crean a pie juntillas que, pese a todo lo que se dice, el PP es un partido honesto (y por supuesto que habrá muchos militantes y cargos institucionales que lo sean) y por ello lo refrendan. Otros ponen por delante sus intereses de clase (se tapan la nariz, o directamente ya no perciben el olor de la podredumbre por estar inmersos en ella) y le dan su voto egoistamente (son tal vez, los mas coherentes -entiéndaseme-). Pero, ¿y el resto -o sea, la mayoría-? ¿Qué les lleva a ignorar lo que tienen delante y, sin responder a intereses estrictos de clase (en ocasiones al contrario), dar su voto al PP? Puede ser por miedo, eso funciona, o por estupidez -lleva esta sociedad mucho tiempo promoviéndola-, entre otros posibles motivos.

Esa misma sociedad, asiste casi impávida -hay excepciones, afortunadamente-, a un síntoma perverso de pérdida de libertades cuando dos comediantes son detenidos y encarcelados por el contenido, supuestamente apologético del terrorismo, de una obra de títeres, en la que una pancarta (proporcional a los personajes) con la leyenda "gora alka eta" se utiliza como parte de la trama. Apenas ha habido voces indignadas. Ni siquiera todos los "progres" que crecieron con la famosa cita atribuida a  Brech, perteneciente a un sermón pronunciado por Martin Niemöller, sobre la pasividad de la población cuando los nazis agredían a un colectivo tras otro, hasta que ya no quedaba nadie que los defendiera cuando finalmente eran ellos las víctimas.

Tampoco la muerte a millares de personas que huyen de conflictos bélicos, de la persecución, o de la miseria, ocurrida en tanto intentan llegar hasta este Edén -para ellos, sin duda- que es Europa, ni las condiciones inhumanas en que son arracimadas, aquellas que consiguen llegar, en las fronteras que no les dejamos traspasar, parece tener efecto sobre la ciudadanía europea, más allá de algunos colectivos minoritarios concienciados. La condición de ser humano, dotado de plenos derechos en pié de igualdad con nosotros, es obviada. En el mejor de los casos, un dolor, una indignación pasajera, es de inmediato anestesiada con cualquiera de las múltiples distracciones que se nos ofrecen.

Podríamos seguir, porque el egoísmo produce muchos ejemplos. No es necesario. Necesitamos una limpieza en profundidad, poder vestir ropas sencillas y limpias, recuperar la moralidad (no confundir con la moralina) y la honradez profunda. ¿Dónde la ética?


miércoles, 10 de febrero de 2016

VAROUFAKIS A 12 EUROS

Que la política tiene su parte de espectáculo no lo niega hoy nadie. De hecho, muchos hacen espectáculo y lo llaman política. Hay, incluso, quien añade glamour a la historia. Varoufakis parece uno de ellos. 

Acaba de presentar un proyecto para "regenerar la Unión Europea", en un teatro de Berlín y con entradas a 12 euros (por supuesto, agotadas). 

No seré yo quien diga que el espacio europeo no es el verdadero tablero mínimo para poder entrar al ajedrez de la política con posibilidad de desarrollar proyectos de progreso. El estado nacional tiene, salvo en el caso de las grandes potencias -y aún así, cabría decir-, escasa capacidad de incidencia en determinados ámbitos, esenciales por otra parte, como el económico y financiero. Y eso merma su capacidad de intervención en políticas concretas, al tiempo que lo hace vulnerable a la presión de poderes  fácticos, capaces de encumbrar o arruinar un determinado gobierno. Que le pregunten a Rodríguez Zapatero.

Otra cosa bien distinta es que alguien se saque de la manga, por muy bien armado argumental e ideológicamente que lo esté, un proyecto "regenerador" de Europa desde arriba.  Hoy la Unión tiene movimientos centrífugos. Para unos países, la presión que ejerce Bruselas equivale a una especie de asfixia (ojo, hay poca vida fuera), para otros, ejercer una "tutela" constante deviene en coste real y político cada vez más difícil de defender ante sus respectivos electorados. No descarto que haya potencias, consolidadas o emergentes,  a las que una rotura de la Unión Europea produzca satisfacción. Incluso grandes conglomerados económico financieros e industriales a los que la fragmentación (que debilita) no convenga.

El necesario refuerzo de la UE solo puede venir del convencimiento de sus ciudadanas y ciudadanos, y ese convencimiento nada más que la izquierda puede generarlo. La vía Varoufakis no es la correcta, pero que se engarce un proyecto de izquierda europeista que salga desde los diferentes partidos nacionales para cuajar en un programa compartido y justo (en la línea del necesario internacionalismo inherente a la propia idea de izquierda) continúa siendo imprescindible. Pero no estamos en ello, no estamos en ello. Entretanto la gente -personas, ¿lo entienden?, personas- muere.



En los carteles van los importantes (Veneno)

viernes, 5 de febrero de 2016

SIN DUDA CREEN (A LO PEOR TIENEN RAZÓN) QUE SOMOS TONTOS

De ninguna otra manera puede entenderse que, con una absoluta falta de vergüenza, los responsables políticos del aparato del PP hayan salido, como siempre, en coro organizado, a decirle al candidato (por encargo del Rey) a Presidente del Gobierno que se dé prisa, que este país no está para perder ni un minuto más. Créanme si les digo, que se hace difícil mantener el vocabulario dentro de lo socialmente aceptable al calificar esta nueva muestra de cinismo de esta derecha inmersa en tantos casos de corrupción, que se hace difícil distinguir (seguro que lo habrá) algún resquicio de honradez en ella.

¿Cómo mantener el discurso en esos límites cuando se oyen afirmaciones absolutamente espurias? Se necesita una falta total de ética para que quien ha prolongado el proceso de investidura con una negativa inimaginable en un marco democrático, un gesto de cobardía, de utilización de las instituciones y el aparato del Estado para beneficio propio inaceptable, aparezca ahora apremiando una solución (¿por qué no lo hiciste tú? -debe reclamar la ciudadanía española a Rajoy) casi con urgencia, a quien, como Pedro Sánchez, sí da el paso adelante, asume su responsabilidad y acepta el encargo del monarca para intentar dar una salida a este complejo puzzle político que tenemos o, en cualquier caso, a activar los mecanismos y plazos que nos condujeran (no sería bueno) a otro proceso electoral. Había que hacerlo.

No acaban ahí las tomaduras de pelo. Ese borrado del ordenador de Bárcenas con más de treinta formateados, esa señora Cospedal insultando a Bárcenas como único argumento para responder a las acusaciones (¡ojo!, en sede judicial y como testigo) del extesorero, hasta ayer pieza esencial en el partido del que ella es ¡Secretaria General!; esa señora Barberá escondiéndose tras la cortina, y tantos y tantos casos, ejemplos de golfería, de saqueo de lo público (ya pagará -como a los bancos- después la ciudadanía). Suficientes ejemplos como para concluir que si no tienen una respuesta contundente en las urnas que les obligue a una reforma total, tendrán razón, seremos tontos.

Una última prueba (inspiradora de "El grito" de Munch). El señor Rajoy se permite decir que (refiriéndose a las conductas corruptas en sus filas)  "esto se acabó y aquí ya no se pasa ninguna". Dos cosas: YA es ahora, pero ¿por qué no antes?, y si ya no se deja pasar es porque puede evitarse, ¿por qué no lo evitó usted? Suficientes evidencias como para exigirle de inmediato la dimisión si no fuera porque, como dice el portavoz del PP, el señor Hernando, todos esos casos de corrupción del PP tuvieron lugar cuando gobernaba el ¡PSOE! ¡Toma ya! La faltó decir, "tontos, que sois tontos".. 


lunes, 1 de febrero de 2016

¿DE VERDAD EL GRAN VALOR ES LA UNANIMIDAD?

Entre las muchas contradicciones que se vuelcan día a día en esta especie de gazpacho que conforman hoy la opinión publicada, una me ha llamado reiteradamente la atención. Por un lado, parece de respaldo común la afirmación sobre la necesidad (o la conveniencia, si se prefiere) de democratizar las estructuras de los partidos políticos, pero por otra, no menos generalmente compartida, se considera anatema cualquier resquicio de división interna. ¿Existe la fórmula que aúne anhelo y confianza? Hasta ahora, los debates internos, las votaciones, los acuerdos y el respaldo compartido y proyectado al exterior podían considerarse un camino. Hoy ya no, hoy, cuando con cualquier dispositivo se pueden grabar esos foros no públicos e incluso transmitirlos en tiempo real, las diferencias se muestran desnudas si se produce el debate. 

Si ello supone una disyuntiva, siempre me parecerá mejor mostrar tal cual la controversia, enmarcada en su sitio y su momento, que acallar la discordancia en aras de un valor de homogeneidad que oscila siempre entre la muerte organizativa o el autoritarismo (seamos suaves para no herir a nadie).

La imagen de una derecha escondida, silente, que solo se expresa para señalar la supuesta responsabilidad del otro en tanto se obvia la propia (mucho mayor, obviamente), no hace sino ahondar en el convencimiento de que no puede formar parte de la solución a los problemas urgentes de nuestra sociedad. 

La voz única, no debatida, que se lanza desde la supuesta otra orilla, constituye la otra cara de la moneda. Renuncia a esa teórica bandera de la participación total, permanente, para armar una alternativa de ocupación de espacios de poder, que constituye ahora mismo su único objetivo. A costa de su propia coherencia. Allá ellos.

Los debates del Comité Federal del PSOE, reproducidos por diversos medios de comunicación a partir de grabaciones internas, constituyen una muestra de la disparidad (o sea, de la riqueza) de opiniones que muchos se han aprestado a criticar como desunión que impide considerar a la organización como alternativa de gobierno fiable. Razonamiento extraordinariamente peligroso como la historia demuestra. Lo importante es si el partido socialista, luego de confrontar argumentos mediante el discurso, ofrece una solución seria y homogénea a los problemas que acucian a la ciudadanía. Si eso es así, estaremos en el camino correcto.