domingo, 11 de junio de 2023

LA VUELTA A LA TORTILLA (I): DEBATE TÚ.

 Si se sintiera fuerte, si pensara que los va a ganar, no digo seis, sesenta y seis debates con el presidente del gobierno, con Pedro Sánchez, habría aceptado el candidato Feijóo.  Pero no, uno y ya te vale. La dialéctica en el Senado, el atril desde el que supuestamente iba a confrontar ideas con el presidente (y a derrotarle en ese campo, ¡qué duda cabe!), no le ha ido muy bien. Al dirigente del Partido Popular, al líder de la derecha española, bajar a la arena de los datos y de la realidad no le favorece. Él se mueve mejor en el terreno de los titulares (y si son falsos, pero que muy falsos, mejor): afirmar que la economía española poco menos que está hundida, o que eliminará el ministerio de Igualdad, o que Sánchez es un presidente ilegítimo... como tantas otras barbaridades, le aleja de la necesidad de criticar (si pudiera) las cifras récord de empleo en España, la subida por ley de las pensiones según el IPC, el incremento del salario mínimo hasta niveles nunca conocidos, la paz social, la paz social que (pese al ruido, pese a los mensajes descalificadores e insultantes de la derecha) caracteriza a este país y es bien valorada en el conjunto de la Unión, no quepa duda, el prestigio recuperado de España a nivel internacional, la clara mejora de las relaciones con Iberoamérica. 

El periodo de gobierno bajo presidencia de Pedro Sánchez y en coalición con una fuerza sin experiencia previa en la gestión gubernamental ha incluido dos de las mayores crisis exógenas en mucho tiempo. La pandemia del COVID y los efectos de la invasión rusa de Ucrania y la guerra posterior. Suficiente para zarandear a cualquier país. Pues bien, España ha salido de esas aguas turbulentas con solvencia, sosteniendo el armazón esencial en los momentos cruciales y recuperando después la dinámica de crecimiento. La zona euro está en recesión, España no, España crece. 

Si eso se explica una y otra vez, si a cada insulto, a cada afirmación falsa se responde con un dato demoledor, el castillo de naipes (bien montado, no lo niego, pero castillo de naipes al fin) urdido por la derecha retrógrada española no aguanta. Por eso, Feijóo no quiere debates, porque serían poderosos vientos para sus amañadas cartas. Por eso tacha de ocurrencia la idea de celebrar no uno, seis. Por eso afirma que España no está para "espectáculos". Mientras él sigue, cada día con un nuevo truco de prestidigitador barato: nada por aquí, nada por allá, pues me lo invento. Ojalá siempre, antes de cada proceso electoral, pudiéramos asistir a varios debates clarificadores. Eso contribuiría a que el voto fuera expresión de una ciudadanía bien informada y, por encima de todo, libre (que buen trabajo nos costó llegar aquí como para que ahora vengan unos salvapatrias de pacotilla a querer pintarlo todo otra vez de blanco y negro).  




jueves, 8 de junio de 2023

BILDU COMO ALIADO DEL PP

 Afirma el proverbio que los extremos se tocan, incluso se apoyan, diríamos nosotros. En una sociedad como la actual, en la que el flujo informativo es constante y está lleno de basura, de medias verdades, de bulos como catedrales, todo ello mezclado en una secuencia rápida, tan rápida que te impide pensar, reflexionar, discernir; quien más medios tiene, mayor cantidad de mensajes cuela. Y como no se trata tanto de la veracidad de lo transmitido, cuanto de la cantidad y el envoltorio (este debe ser lo más simple posible para facilitar su deglución), ocurre que acaba llegando a cada persona una cantidad tal de falacias de entre las que sobresalen y se fijan en la mayor parte de ocasiones las más grotescas. Hoy me centraré en una. 

Primero una aclaración necesaria: la utilización de la violencia terrorista para la imposición de determinadas tesis en contextos democráticos es una criminal aberración. Si, como ha ocurrido desgraciadamente en este país durante muchos años, se ceba además en personas inocentes, los crímenes resultan aún más execrables. Eso ha sucedido en España. Y el gran argumento contra esa actuación asesina era que toda idea puede defenderse en el marco democrático siempre que no pretenda romperlo ni atente contra los derechos de las personas. Y este país consiguió vencer a quienes practicaban la violencia criminal. Con seguridad, no hay mayor derrota para una organización terrorista que la consolidación democrática, llevar a quienes apoyan, incluso a quienes practicaban esa violencia, a aceptar las normas de participación colectiva que ampara nuestra constitución. Esa es la gran victoria de la democracia. Y cuesta asumirlo también desde la colectividad que guarda en la memoria tantas canalladas. 

Bildu es una organización sujeta a las normas democráticas que contiene la constitución de este país. Ese es un gran logro de esta sociedad nuestra. Por mucho que nos revuelva el estómago a veces, su única arma ahora es la palabra en el contexto de participación política. Y cuanto más ahonden en esa participación, por contrarias a nuestras ideas que sean las que defienden, mayor será la victoria democrática.

Pero hay a quienes no conviene esa incorporación al marco constitucional, hay quienes prefieren tener un enemigo nítido y despreciable al que señalar con un dedo mientras con los otros redactan normas, hacen políticas contrarias a los intereses de la mayoría. Y si el enemigo fue derrotado, convienen en mantenerlo. Eso es lo que está haciendo el PP. Bildu no forma parte de la coalición de gobierno, pero eso no importa: la idea a incrustar en el pensamiento de los españoles es que Sánchez, Pedro Sánchez (el presidente del gobierno español), se apoya en terroristas para gobernar. Para conseguir votos con los que seguir haciendo política a favor de la minoría pudiente, el PP no duda en intentar revivir permanentemente el cadáver de la organización terrorista. Esa sola sucia maniobra debiera bastar para que el conjunto de nuestra ciudadanía le diera la espalda a esta derecha que pone por delante de la defensa de nuestro sistema democrático constitucional, sus propios minoritarios intereses. Ojalá no consigan confundirnos.  



lunes, 5 de junio de 2023

¿PERO QUÉ ES LO QUE PASA? ¿PERO QUÉ PASA AQUÍ?

 Se preguntaba nuestro añorado Carlos Cano para terminar afirmando: "En el Sur, mucho sol y sol y poca luz". Creo que hoy la negrura se extiende por aquellas tierras de España en las herraduras. El caballo corre, desbocado, sin rumbo, presa del mismo desconcierto de muchos, de muchas. No es una desorientación caída del cielo, es un desnorte labrado con poderosas herramientas que consiguen una afectación global. Hay quienes ven un enorme riesgo en la inteligencia artificial (no sé si será un escenario plausible aquel que dibujaba un visionario cuento de ciencia ficción. El que terminaba preguntando a una superred de ordenadores recién conectada si había dios, para recibir como respuesta un amenazador "ahora sí"), por lo pronto yo lo veo más en la inopia colectiva largo tiempo cultivada. Una inopia que deviene, según lo percibo, de la saturación. Hasta tal punto está sometido el ciudadano común al bombardeo constante de los más variados estímulos a través de las redes y los medios, que no se produce el necesario procesamiento, se mata la reflexión y el pensamiento deviene banal. Nos paramos aquí un segundo para preguntarnos quiénes tienen capacidad económica suficiente para influir, de manera generalizada, global, sobre el contenido que se difunde a través de esas redes, de esos medios. No se trata de una conspiranoia, sino de un simple dos más dos. Grandes capitales, poderosas corporaciones, la nueva clase dominante tiene hoy modos de control impensables en el pasado. Con la astucia de estar disfrazada de libérrima absoluta, la nueva ordenación del flujo comunicativo, en el que paradójicamente podemos ser actores (cada vez que alguien sube un video, un texto, un comentario, una memez...) y receptores (eso sí, de un contenido filtrado según los fines prefijados en cada caso) deviene cadena invisible y, por ello, más peligrosa. Urge retornar a la reflexión, al silencio. Urge desconectar siquiera el tiempo suficiente para madurar racionalmente lo sobre nosotros derramado. Y es difícil. Muy difícil. ¿Verdad?